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"¡Los caminos de la vida, no son como yo pensaba, como yo imaginaba, no son como yo creía!". Ritmo cadente, alegre, bullanguero. Ballenato y cumbia llenaron la Plaza de la Danza. Manos arriba, meneo de caderas, golpe de brazos, de pechos y de todo el cuerpo entre la multitud.

La alegría del "Rebelde del acordeón" hizo vibrar el pequeño espacio. Miles corearon, aplaudieron y bailaron con Celso Piña.

Noche del martes. Atrás las penas, afuera las tribulaciones económicas. Al olvido los problemas políticos, las protestas del magisterio, los bloqueos de trabajadores del Hospital Civil.

Noche fresca, con luna en su Cuarto Creciente, que coronó una hora y 20 minutos de alegres ritmos de cumbia colombiana, con el regiomontano.

"¡Venir a Oaxaca es venir al paraíso!", gritó el hombre del acordeón mágico, cuando inició su presentación y la de los integrantes de su grupo "Ronda Bogotá". Tradicional pantalón de mezclilla, tenis y en esta ocasión floreada camisa con vivos en rojo.

"¡Cómo está la raza!", saludó el cantautor y rey del acordeón, con una veintena de grabaciones en más de dos décadas de carrera artística.

Puntual inició la fiesta. Dos horas antes de las ocho de la noche ya estaban abarrotados pasillos, gradas y explanada de la Plaza de la Danza. Mudos testigos templos y ex conventos coloniales con iluminación espectacular.

"Haga la rueda, señor, que la cumbia ha comenzado, haga la rueda señor, que la cumbia ha comenzado... punta de sal y de sol, esta cumbia se ha acabado"... La "Cumbia campanera" comenzó paulatinamente a elevar la temperatura.

Pero no fue sino con "Los caminos de la vida" en que se prendió la mecha. Arriba, enfrente, en la calle de Morelos y de Aranda; en banquetas, en los techos de las casas frente al escenario, la gente aplaudía y bailaba. Solos o con pareja.

El ritmo cambió por un momento, en una pieza clásica, que hizo célebre con Rito Cantalagua y su "Café Tacuba": "Aunque no sea conmigo". El grito volvió.

"A placer, debes tomarte el tiempo necesario, que por mi parte yo estaré esperando, el día en que te decidas a volver y ser feliz como antes fuimos. Sé muy bien, que como yo estarás sufriendo a diario, la soledad de dos amantes que al dejarse, están luchando cada quien por no encontrarse".

Manos al aire, manos ondeando. Corazones nostálgicos que luego cantaron solos, sin acompañamiento musical.

"Y no es por eso, que haya dejado de quererte un solo día, estoy contigo aunque esté lejos de tu vida, por tu felicidad, a costa de la mía. Pero si ahora tienes, tan solo la mitad del gran amor que aun te tengo, puedo jurar que al que te quiere lo bendigo, quiero que seas feliz, aunque no sea conmigo"...

La apoteosis volvió con "Cumbia arenosa". Jóvenes en su mayoría, estudiantes los más, muchos aun con mochila al hombre, embelesados con el acordeón mágico que llevó al clímax. "Cumbia en mi tierra, cumbia sabrosa, cumbia, de mar, cumbia que baila mi verde arenosa"...

El grito unísono que removió de nuevo cemento y cantera "¡Eh!, ¡eh!, ¡eh!, ¡eh!"....

Luego Celso Piña contó su anécdota con Gabriel García Márquez, para dar paso a la clásica "Macondo".

Más gritos, más algarabía con la "Cumbia sampuesana"... "Ayyyy... linda Sampuesana, venga para acá, cómo te llamas, para parrandear"...

El tiempo fue fugaz. Apenas cruzaban las nueve de la noche cuando venía la despedida. Al grito de una más, Celso y su grupo cerraron con "Cumbia del río".

Noche mágica de "Mayo, mes de Oaxaca", que cerró con fuegos pirotécnicos. Noche de baile y desestrés. Oxígeno puro para olvidar un miércoles de marchas magisteriales. Miércoles del maestro.

Fuente: noticiasnet.mx

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